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“Los niños de la comuna San José” forma parte de un grupo de exposiciones pertenecientes al Proyecto de Proyección Universitaria “El Dibujo como Limite en el espacio Mental” proyecto que incluye los resultados del semillero experimental de Dibujo Artístico del Departamento de Artes Plásticas de la Universidad de Caldas, así como las exposiciones de un grupo de dibujantes invitados. Ellos han participado en el desarrollo de estos talleres para niños y jóvenes de la población vulnerable de la Comuna San José de Manizales, labor que se ha desarrollado con el apoyo de La Fundación Cruzada Social de Manizales. Este proyecto se ha desarrollado bajo la coordinación del docente responsable Vicente Matijasevic, quien con una muestra individual de sus trabajos en la Alianza Colombo- Francesa de Manizales, completa esta triada de exposiciones, todo bajo el apoyo de la vicerrectoría de proyección de la Universidad de Caldas.

 

Hacia 1973, al lado de Juan Manuel Serrat y Patxi Andión, que fungían como adalides de una canción social española, aparecía quien formaría con ellos una tríada de expresiones no centradas en torno a un asunto meramente musical, pues más parecían encharcadas en una nueva forma de poética cantada, que iba surgiendo década a década en todo el mundo, al empuje del perfeccionamiento de los medios multiplicativos de lo musical-cantado, que hicieron de la voz casi que otro ingrediente de la poética. O al menos de una neo-poética que fue creciendo al lado de la antigua y milenaria poética tradicional escrita. Ese otro adalid de esa expresión española fue Víctor Manuel San José Sánchez. Y le nombro, solo por referirme a un párrafo de una de sus primeras canciones, tal vez fechada en 1973 o 1974. Ese párrafo dice, en su voz un tanto encasquillada y que explota en brusquedades tonales o en todo caso siempre lejana de suavidades que no le iban, lo siguiente: "El hombre que inventó la caridad, inventó al pobre y le dio pan" Y en otro canto cercano en el tiempo, había dicho también:

 

"Convivir venciendo a los demás, nuestra sociedad es un buen proyecto para el mal".Para esas filosofías, cualquiera podría hacer enganches como diciendo: Si "convivimos" enfrentados e intentando sólo vencernos, habrá en esa pugna ciertos vencedores que gestarán, tras su triunfo, dos invenciones concomitantes:

1) Quien resulte derrotado por tales vencedores, aparecerá “inventado” por ellos como“pobre”.

 

2) Y al lado de ese “pobre” aparecerá luego inventada la caridad, casi como para administrar la derrota del “pobre” mismo. Es decir, no permitiendo que esa derrotarrase al vencido y le destruya eliminándolo, sino consiguiendo para él una subsistencia irrisoria que le permitiría mantenerse con qué esperanzas nimias, pequeñas y lamentables.

Detrás de esa ideología que Víctor Manuel San José Sánchez sintetizaba en renglones mínimos, late en todo caso una suerte de crítica abierta al asistencialismo. Pues si a la caridad simplemente se la “inventa” a la vez que a su lado simplemente “se inventa” también al pobre, para regalarle un pan, suena todo ello a una suerte de juego insulso. Como si Víctor Manuel San José Sánchez solo se sonriera del asistencialismo. Otra crítica no a la raíz de tal asistencialismo, sino a su sistema de “caridades” se expresa en aquella otra ideología según la cual, al hombre pobre no debe regalársele un pescado sino enseñárselo a pescar.

 

Pero hay un matiz sin embargo, una sutil variable tremenda que se opone a tales consideraciones contra-asistencialistas: La que cobija a los niños y los ancianos. Es decir la que incluye el punto o la edad en la que lo laboral interactivo aún no se forma (en el caso de los niños) o la edad en la que lo laboral ha terminado, porque fallan ya las fuerzas y las destrezas (en el caso de los ancianos).

 

Atender las necesidades de niños o ancianos no resulta pues ser asistencialismo, sino mera urgencia social. Como si se dijera: “Poco importa por qué vías surgieron y existen niños y ancianos pobres, lo del caso es la urgencia de atenderlos”. Sin las atenciones a esas urgencias, ocurriría que quienes van camino de la vejez inminente, arriesgarían demasiado por temor a una vejez desolada, poniendo en riesgos y desórdenes la totalidad de lo social.

Y quienes aún no desarrollan destrezas ni capacidad laboral, vivenciarían el vencimiento que la sociedad les hace padecer, como si se tratase de un fracaso que les niega todo lugar en el mundo. Fracaso y falta de lugar que llevaría a los críos a arriesgar

siempre demasiado por nada y para nada. Supongo que en esos marcos teóricos se engloba todo el proyecto con los niños y los adultos mayores de la comuna San José en la ciudad de Manizales. Y bueno, esa ideología, muy particularmente cuando se la perfila sobre los críos, carga cierto matiz de esfuerzo educacional, actitud esa que, para el caso que aquí nos ocupa de la enseñanza del dibujo a niños de población vulnerable, mueve la intención de este Proyecto de Proyección Universitaria.

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