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Lo que ocurre aquí es más o menos dramático en el aspecto cognoscitivo del niño: para él, crece velozmente la memoria visual, crece aún más rápido la memoria lingüística, crecen los aparatos de la palabrería, pero la agilidad del trazo motriz y la destreza de la motricidad fina de sus dedos y sus manos, no crecen a semejante velocidad. Por todo ello la acción de la gráfica del niño empieza, desde los aspectos gestuales de la motricidad fina, a poner de manifiesto un retraso considerable que habrá de conducirla a  su perdición.

 

De repente el niño sabe que conoce al mundo, sabe que puede hablar de él y sabe también de la dificultad enorme que le significa intentar dibujarlo. Por eso se instala en un tercer período que bien debe llamarse de realismo simbólico, en el cual al intentar el niño la acción gráfica, no le va quedando otro recurso el símbolo. Conoce pues el niño visualmente al mundo y conoce visualmente sus detalles, pero desconoce el proceso abigarrado y confuso de transformar las tres dimensiones de esa realidad conocida, por las dos dimensiones de la superficie encima de la cual, valiéndose de meras líneas, puntos y manchas, intentará representar eso que conoce.

 

Por todo ello, al iniciar la representación, recurre angustiado el niño a todas las informaciones visuales y gráficas de que dispone, para intentar el trazo de su dibujo; y va dándose cuenta rápidamente que sólo le queda el intento de una síntesis desesperada, es decir del interés resignado por trazar, no todo lo que le pertenece al ser que está intentando dibujar, sino sólo sus rasgos más sobresalientes, principales, determinantes y sintetizados, de tal manera que ha de ser por eso que esta nueva época de su realismo la hemos denominado realismo simbólico. Porque más que un dibujo verdaderamente realista, el niño está intentando un símbolo esa realidad.

 

Bien debe insistirse aquí que en estos períodos se va viendo consolidadamente manifiesta la perplejidad del niño frente al acto del dibujo. El niño ama y además admira obnubilado la destreza de los trazos y los dibujos de los pocos adultos que sobrevivieron a la adibujia resultante de todos estos procesos tan dramáticos cognoscitivamente.

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