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Bien puede decirse que esta época del garabateo toma para el niño pocos meses en su práctica dibujística.  Y de repente a medida que su pequeño cuerpo crece y su cerebro aumenta de tamaño y su memoria visual y su aparato cognitivo se hacen más y más estables y también igualmente crecientes, de repente el niño, al mirar alguno de sus garabatos, tiene la sensación exultante, de que sobre ese garabato reposa alguna representación tácita, no-intencional, soterrada, casi escondida, de un ser real del mundo.

EL TEXTO COMPLETO SE PODRA VER EN EL SIGUIENTE LINK

 

OBSTÁCULOS AL DIBUJO

 

Quiso la suerte que al instalar el proyecto de proyección “El Dibujo Como Límite en el Espacio Mental” auspiciado por la Vicerrectoría de Proyección Universitaria de la Universidad de Caldas, y ligar a él un grupo de niños y jóvenes de población vulnerable de la comuna San José de Manizales, ocurriese que la asistencia inicial de ese grupo estudiantil estuviese conformada preferentemente por niños entre los siete y los 12 años, edades en las cuales, bajo un jolgorio cognoscitivo deslumbrante, el niño se enfrenta al dibujo en una fiesta ininterrumpida, aunque un poco perpleja sin embargo. Resultando que ahora en el tercer año de funcionamiento de este proyecto de proyección, ese grupo de niños y jóvenes asistentes a esta educación- proyectiva, variase un poco por su edad, tendiendo ahora a la de jóvenes entre los 11 y los 15 años.

 

Aparentemente nada debería surgir como un gran cambio metodológico derivado de esa variación en las edades de los asistentes. Sin embargo, de manera tenaz y sostenida, la actitud de esos asistentes fue variando de aquella alegría inicial que ya he comentado a una perplejidad que crece y se hace más oscura cada vez, de suerte que por ello lo que esos niños y jóvenes están presentando es una trasmutación hacia las etapas dibujísticas de más difícil enfrentamiento.

 

Quiero ofrecer aquí una síntesis teórica de las etapas que el niño transcurre en el proceso de lo dibujado, etapas que de manera un poco sorprendente, es preciso dejarlas transcurrir, sin que sea casi posible influir en ellas.

 

Esas etapas son pues a grandes rasgos las siguientes:

La primera etapa o etapa del garabateo, en la cual el niño descubre, sorprendido, una suerte de magia extraña: ha tomado un lápiz en su mano y moviéndole sobre una superficie, se percata que por ese mismo movimiento empezarán a desplegarse trazos sobre esa superficie, que reflejan de alguna manera para el niño los efectos de su mismo movimiento en sí. Esta etapa del garabateo sirve al niño precisamente para eso: para corroborar que su movimiento es capaz de generar efectos sobre el mundo, aunque aún estén lejos esos garabatos de la más mínima intención representacional. Estamos en el final del primer año de vida.

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